En estos días conversábamos con nuestros amigos Diana y Pedro, y entre otras cosas llegamos al punto sobre el reciclaje, en especial al dinero que uno puede recibir por tal fin. Les decía que por el 2009, al poco tiempo de haber llegado, cada vez que teníamos una botella o lata de refresco usada iba y la colocaba en el pote de reciclaje ubicado en la P.B. de nuestro edificio; hasta que un día me doy cuenta que en la factura del supermercado a uno le cobran por “el vacío” de dichos productos, al estilo de las botellas de vidrio de cervezas. Se trata de unos 5 centavos por botella o lata que uno paga y luego puede pedir le devuelvan si se regresa el embase vacío para ser reciclado.
A partir de ese día, mantengo en un cuartico de los “peroles” que tenemos en casa, una bolsa que vamos llenando con los embases para luego canjearlos en unas máquinas en el supermercado. La máquina me da un recibo y este lo canjeo por efectivo en el establecimiento. Como ven, se trata de hacer el trabajo cual “recojelatas” y así recuperar el depósito ($) que nos cobraron al momento de la compra. Bien me decía Pedro que, definitivamente es un tema de cambiar por completo de mentalidad, ya que a nadie en Venezuela se le ocurriría hacer “esa actividad” propia de las personas de muy bajos recursos, recolectando latas o botellas para luego canjearlas por dinero, sin mencionar que allá el canje lo hacen en lugares especiales a las afueras de la ciudad donde reciclan metal…., y en cuanto a las botellas de plástico, allá van directo a la basura (la cultura del reciclaje aún “está en pañales”)
Más de una vez he juntado mi bolsa de latas y botellas para luego, según la cantidad, cobrar unos CAD$ 5,oo, que si bien no es una fortuna, es dinero que regresa a mi bolsillo. Como le decía a Pedro, he visto a más de una “Doña” muy encopetada de Westmount, con su bolsa frente a la maquina del supermercado Metro de la zona, dejando todo lo reciclable y luego canjeando su recibo. Incluso, sabemos de muchos adolescentes a los que estimulan en sus hogares para que ayuden en esta tarea y así vayan ahorrando un dinerito para sus gastos, como un complemento de su mesada semanal, por ejemplo.
Este es otro de los tantos aspectos que implica cambiar la mentalidad de nuestros países por la de nuestro nuevo hogar canadiense.